sábado, 19 de diciembre de 2009

Blanca Navidad


-15 grados centígrados. Manos y pies agarrotados y una nariz roja que no paraba de moquear. Así es como me encontraba hoy mientras visitábamos el castillo de Hohenzollern, en Stuttgart. Eso sí, unas vistas preciosas, de cuento de hadas, pero que desgraciadamente no pude apreciar como se merecía debido a mi lamentable estado físico (que ya rozaba la hipotermia). Llegamos al lugar después de unas cuatro horitas de viaje, que al fin y al cabo tampoco se hicieron tan pesadas porque íbamos entretenidos mirando el paisaje nevado (calentitos dentro del coche las cosas se ven de otra manera, claro está). Al aparcar, tuvimos que subir hasta el castillo unos 15 minutos a pie, y es ahí cuando empezó a ponerse feo el asunto. La nieve, tan blanca y esponjosa, empezó a colarse por mis botas, con lo que mis calcetines se fueron empapando poco a poco hasta conseguir que perdiera sensibilidad en los pies. Para remediarlo, intenté ir a paso militar (un, dos, un, dos...), pero no dio resultado. Cuando subía el pie podía notar como el agüilla me recorría de las puntas de los dedos hasta el talón, y puedo asegurar que no era nada agradable :P En fin...el caso es que ya estaba fastidiada para el resto de la excursión. Nos hicimos un par de fotos a prisa y corriendo en las murallas del castillo y contratamos a una guía para que nos hiciera un pequeño tour por dentro del edificio. No se diferenciaba mucho del resto de castillos medievales que te puedes encontrar a lo largo de la geografía alemana, pero al menos estábamos "resguardados" (porque aun estando dentro, seguía haciendo un frío tremendo) durante un tiempo. Ya para bajar a por el coche me hizo falta coger el bus porque mis extremidades dejaron de formar parte de mi cuerpo para convertirse en entes independientes...¡no los podía ni mover! Llegué hasta un punto, que el pobre de Fernando (que, por si no lo he presentado todavía, es un valenciano que trabaja en Augsburg y ha hecho buenas migas con nosotros) empezó a preocuparse en serio, y nada más llegar al coche me dejó sus calcetines térmicos y sus botas de montaña del número 46. Podéis imaginaros mis pintas, pero juro que en ese momento era la persona más feliz del planeta Tierra.



Bueno, una vez terminada mi crónica del viaje, tengo que decir que...¡¡me quedan 3 días para volver a casa!!Yo ya sabía que a estas alturas iba a tener ganas de regresar, y es que cada vez quedamos menos... El martes se fueron Maite, Juana, Borja y Yasmina, ayer Gabriel (mexicano, mentor de Kolping y otro buen amigo nuestro)...Menos mal que Lolo, Juan, Valeria y Fernando se van más o menos igual que yo, porque ya lo que me faltaba era estar aquí, sola y desamparada, con el frío éste. Al principio de las nevadas, el sábado pasado, todo era perfecto: cogiendo la nieve y jugando a tirarnos bolas...Pero cuando llevas una semana que no sale ni un rayito de sol y sólo ves nieve por todas partes, como que te hartas un poquito, ¿no? Pero bueno, me consuela que dentro de nada estaré disfrutando de unas buenas vacaciones en mi casita, con mis brothers y mis padres (que como no los nombre, mama Espe se enfada, jaja), y por supuestísimo, con mi amigo el señor Jamón Serrano y el señor Queso de Castuera, a los que por estos lares, he echado en falta más que nunca.

Bueno gente, espero que estéis todos bien, y que no os preocupéis, porque me tendréis dando la tabarra por allí dentro de muy poco!Un abrazo fuerte!

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